NUESTRA HISTORIA

 

Este año, 2018, la comunidad Israelita de Barcelona (CIB) celebra su centenario.
Fue en el 1918 cuando un grupo de pioneros constituyó la primera estructura organizativa que sirvió como punto de encuentro social, educativo, cultural y religioso para la incipiente población judía de Barcelona, que si bien en número representaban un porcentaje muy pequeño de la población local, su recorrido, trayectoria e historia, merecen una consideración.

Para trazar este recorrido debemos atravesar muchos siglos.

Nos remontamos a la gran diáspora de la época romana, cuando la población judía se estableció en tierras mediterráneas, donde los recién llegados no solo asimilaron la lengua y la cultura local, sino que también desempeñaron un papel clave en su historia participando en la vida social catalana.
Los judíos y los cristianos medievales no solo compartieron un espacio, sino también un idioma, el gusto por los negocios y una forma característica de gobierno. Estos lazos no fueron lo suficientemente fuertes como para prevenir las violentas revueltas antijudías (pogromos) que sacudieron Barcelona en el 1391, causando centenares de muertos en la comunidad judía y finalmente su expulsión en 1492 mediante el Edicto de Granada. Estos hechos marcaron el inicio del paréntesis de la presencia judía en España, un paréntesis que en Cataluña duraría cuatro siglos.

En el SXIX, algunos financieros y hombres de negocios judíos de procedencia francesa y centroeuropea comenzaron a establecerse en las principales ciudades de la península, aunque esta presencia resultaba prácticamente imperceptible para el conjunto de la sociedad. El comienzo de la Primera Guerra Mundial marca un punto de inflexión. Si hasta el año 1914, la poca presencia judía en Barcelona era mayoritariamente asquenazí de origen alemán o austrohúngaro, durante la guerra llegan a Barcelona decenas de familias sefardíes: judíos otomanos residentes en Francia que se vieron forzados a exiliarse que vieron a España como un refugio y se establecieron en Barcelona, ciudad de fábricas y portuaria que durante la guerra se había convertido en una ciudad dinámica y próspera. Y, en la misma época, también llegaron que huían del servicio militar, de algunas familias dinásticas de Centroeuropa y otros que se escapaban de las persecuciones y políticas antijudías. En total, según los cálculos más optimistas, más de un millar de judíos se establecen en Barcelona.

Esta creciente población fue suficiente para comenzar a gestar lo que seria la base de una organización que pudiera ofrecer un marco educativo, cultural y litúrgico y que también pudiera ocuparse de la asistencia a los necesitados. Así es como en el mes de diciembre de 1918, nace la Comunidad Israelita de Barcelona. Los firmantes del acta de constitución y los estatutos fueron en su mayoría de origen Centroeuropeo, siendo el primer presidente un miembro de la comunidad alemana, Don Edmundo Metzger (Z”L). La utilización de la palabra “Israelita”, y no “Judía”, ya refleja la preocupación de los fundadores de usar utilizar una palabra con una carga negativa que prevalecia en el imaginario colectivo, ya que seguía viendo a los judíos como una comunidad deicida. La Comunidad alquila una torre en la calle Provenza, 250. Donde instalan una sinagoga, la primera en la ciudad desde el SXV, un local social, una biblioteca y aulas.

Con la llegada de la Segunda República se presenta un nuevo escenario de libertad y laicidad en el que sin lugar a duda mejoran considerablemente las condiciones de vida de las familias judías de Barcelona. Pero la llegada de Hitler al poder y la consecuente expansión de la ideología nazi-fascista por el continente europeo, desencadenan la emigración forzosa de cientos de miles de judíos que se ven obligados a huir ante el antisemitismo imperante. Se estima que durante esa época llegaron a Barcelona miles de refugiados, entre ellos , judíos de Alemania, Polonia, Austria, Hungría o Rumania. En 1936 se calcula que la población judía de Barcelona llegaba a las cinco mil personas, más de la mitad alemanes y polacos. El alto grado de politización de estos nuevos inmigrantes ayudó a enriquecer la vida judía y cultural de Barcelona, se crearon diversas ramas de la Organización Sionista así como la sección española del Fondo Nacional Judio. Por otro lado otro grupo de inmigrantes de judíos de orientación marxista formaron el “Judischer Kulturbund” (Liga Cultural Judía), afín al comunismo ortodoxo local, y que jugó un rol muy activo en la preparación de la Olimpiada Popular de 1936. El levantamiento militar empuja a muchos judíos a regresar a sus países de origen o a emigrar a otros continentes, aunque algunos miembros del Judischer Kulturbund se quedaron en Barcelona, se incorporan a las milicias obreras y abrazan la causa antifascista. Incluso formaron una compañía judía, denominada “Naftali Botwin” en la que lucharon miles de judíos de todo el mundo.

La victoria del ejército de Franco y el estallido de la Segunda Guerra Mundial convirtieron a Barcelona en un refugio precario de la barbarie nazi, la sinagoga de la calle Provenza es atacada y saqueada, que posteriormente sería clausurada, el presidente de la Comunidad, Don Edmundo Grunebaum (Z”L), fue encarcelado acusado de masón y se prohíbe todo culto. Y ante la rígida prohibición de la práctica de otro culto que no fuera el católico, la Comunidad pasó a desarrollar sus actividades en la clandestinidad, la prácticas litúrgicas se realizaban en casas particulares y sus tareas se limitaron a ayudar a todo exiliado que llegara o pasara por Barcelona.

La política del régimen franquista sobre los extranjeros judíos que ingresaban al territorio español fue en su mayoría improvisada. A pesar de esta falta de claridad, cabe destacar la acción humanitaria de algunos diplomáticos españoles enviados a las embajadas de Europa Central que dieron apoyo humanitario a centenares de familias judías.

En el contexto de los cambios políticos impuestos al gobierno de Franco como consecuencia de la derrota nazi fascista y la promulgación del Fuero de los Españoles que permite el culto no católico de forma privada, los miembros de la Comunidad ven una oportunidad por lo que se intensifican las relaciones ante las autoridades hasta conseguir que les permitan abrir una pequeña sinagoga en un piso de la calle Muntaner 183. En el año 1948 la Comunidad celebra sus primeras elecciones por sufragio universal y se organiza un comité de dirección presidido por David Ventura, pero no es hasta finales del año 1949 y bajo una intensa presión internacional que el gobierno de Franco reconoce oficialmente la Comunidad Israelita de Barcelona y su actividad religiosa, educativa y asistencial. Este comité, presidido por David Ventura es el que recogería los fondos y donaciones necesarios para construir la actual sinagoga y centro comunitario de la calle Avenir, que se inaugura el 27 de Septiembre de 1954, Se trata de la primera sinagoga del Estado Español desde la expulsión de 1492

Fue a partir de finales de la década de los años 50 cuando empiezan a llegar una gran cantidad de familias judías afincados en el norte de África, nutriendo a la Comunidad Judía de Barcelona y enriqueciéndola con nuevas tradiciones y características. También en los años sesenta, gran cantidad de miembros de comunidades judías de Sudamérica empiezan a llegar a Barcelona, conectándose también con la Comunidad y dotándola de un nuevo carácter, nuevas tradiciones y usos.

Desde 1977, el colectivo judío se ubica en un marco totalmente democrático y de libertad religiosa consolidándose la COMUNIDAD ISRAELITA DE BARCELONA como la comunidad de referencia, con la mayor sinagoga, la sinagoga Maimónides. También se inaugura el primer colegio de la Comunidad, el Colegio Sefardí de Barcelona, con el objeto de poder integrar a los niños. En el año 1970 se inicia con una guardería en el mismo edificio comunitario de la calle Avenir y posteriormente gracias a la apoyo y donaciones de las familias se instala en una torre unifamiliar en la calle Raset de Barcelona.

El crecimiento del colegio va en paralelo al crecimiento de la vida comunitaria de la CIB y de la comunidad judía en Barcelona y Cataluña, pasando de una pequeña instalación en la calle Raset una torre en la calle Margenat y desde allí su ubicación actual en Valldoreix, y que cuenta entre alumnos y personal con mas de 300 personas.

Esto permitió la creación de canales asociativos para el intercambio y el reconocimiento mutuo entre la comunidad judía y el resto de la sociedad en Barcelona.